Cuando miles de refugiados de guerra salvadoreños empezaron a ingresar a Washington, D.C. cerca de 1980, ellos no se dirigían exactamente a territorio desconocido. Por años, la capital de la nación, ha sido el destino de una pequeña, pero decidida inmigración de salvadoreños, quienes antes de la guerra civil, tuvieron que venir a los Estados Unidos en busca de oportunidades económicas, negadas a ellos en El Salvador. Muchos arribaron sin los documentos apropiados, o fueron pre-contratados como domésticos para las casas particulares de los diplomáticos.

Entre esos pioneros salvadoreños estaba José Isidro Reyes, un joven ambicioso y soñador, quien dejó su pueblo rural bajo la promesa de América.  Aunque fue indocumentado cuando arribó en 1974, Reyes no dejó que eso lo detuviera.

Encontró trabajo un día después de su llegada, y en menos de doce años escaló posición desde "dishwasher, hasta ser el propietario de dos exitosos restaurantes.

Por 1986 se naturalizó ciudadano, respetable padre de cinco hijos y prominente miembro de la Comunidad Hispana de Washington. A los ojos de cada uno, José Isidro Reyes ha hecho realidad el sueño americano.

Pero él no estaba contento con su éxito comercial. Muy dentro siempre guardó su sueño secreto.

José Reyes quería ser cantante.

Solo, temprano en la mañana, o luego de cerrar sus restaurantes, José escuchaba los discos de sus cantantes favoritos - Vicente Fernández y Pastor López- y empezaba a cantar solo, grabando su voz con una grabadora pequeña. En 1984 empezó a escribir sus canciones.

"Al principio, no sabia nada acerca de música", dice Reyes, un hombre amigable siempre sonriente.

" Pero todos tenemos un sueño, y yo quería cantar. Fui hombre de negocios, pero también necesitaba hacer algo para expresarme por mí mismo, mis sentimientos. Así que tomé lecciones de canto".

Empezó sus lecciones de voz en 1985 y en 1988 decidió lanzar un álbum. Escogió sus mejores tonadas, contrató músicos, rentó un estudio y salió al público con su sueño. En cuestión de días, la canción con el título del álbum, "El Abandonado", se escuchaba en todo sitio, y José Isidro Reyes estuvo en la boca de la comunidad. La canción fue puesta en la radio, el álbum parecía estar en cada tienda, y José incluso apareció en la televisión como figura del video musical de "El Abandonado" que él produjo en Miami. La gente estaba sorprendida de ver al dueño de El Tamarindo cantando en la televisión.

"También tuve 6 conciertos aquí en Washington", dice. "Mi primera vez en escenario fue en el Festival Hispano Anual, en frente de mucha gente. Estaba nervioso, pero feliz también, porque la gente me recibió muy bien. Les dije que fue mi primer concierto, y que me perdonen si cometía algunos errores. Ellos fueron maravillosos. Estoy muy agradecido a mi comunidad, mi gente, por su apoyo. Gracias a ellos, la ventas del álbum fue buena para uno que es virtualmente desconocido, en realidad un aprendiz. Ahora, más de la mitad de los 10,000 álbumes y cassetes que produjimos se vendieron. Hemos vendido álbumes en Washington, D.C., Chicago y Connecticut, y ahora queremos llevarlos a Los Angeles e incluso a El Salvador".


Ese tipo de regreso a su tierra natal podría ser una dulce experiencia para José, quien ha venido desde muy lejos indocumentado y desde sus días de 15 horas como dishwasher. "Estoy muy feliz por que he realizado un sueño, y porque fui capaz de crear algo para la comunidad. Mucha gente que viene aquí sin papeles piensa que no hay nada que ellos puedan hacer para mejorar su situación. Pero pienso que el esfuerzo individual es la cualidad más importante en un hombre o mujer. Espero que pueda servir como pequeña inspiración, un ejemplo para mi comunidad, que si ellos trabajan con amor, también pueden alcanzar una mejor vida".